Día del Periodista: un oficio en crisis y precarizado

El 7 de junio de 1810 salió a la calle el primer número del periódico portavoz de la Revolución de Mayo, dirigido por Mariano Moreno. En la actualidad, el periodismo se ve atrapado en un círculo de ataques, degradación y precarización que atenta cada día más contra su práctica y calidad.
Primer número de la Gazeta de Buenos-Ayres.

El 7 de junio se celebra en Argentina el Día del Periodista, que conmemora la publicación del primer número de la Gazeta de Buenos-Ayres (sic), el periódico dirigido por Mariano Moreno que fue el portavoz y difusor de las ideas promovidas por el gobierno revolucionario de mayo.

Había sido fundada el 2 de junio, tan solo nueve días después de la creación de la Primera Junta de Gobierno. Sin dudas, su flamante secretario era consciente de la importancia que tenían las gacetas como herramientas de propaganda política en aquella época en la que estaba todo por hacerse.

La Revolución de Mayo, junto con los cambios políticos, introdujo nuevas experiencias en el campo de la libertad de expresión. Si bien, con limitaciones -según explica el especialista Enrique Fraga-, ya que no se podía escribir en contra de la Primera Junta ni de la religión católica, las diferencias eran enormes en contraste con el sistema de censura previa y licencias requeridas para publicar que existían bajo el sistema del virreinato español.

Además, las posibilidades técnicas para imprimir eran limitadas. La imprenta disponible en la ciudad para 1810 era la que se encontraba en la Casa de los Niños Expósitos, un artefacto símil al que había inventado Gutenberg tres siglos antes y, por lo tanto, rudimentario en su tipografía y capacidad de producción si se lo compara con los que por entonces ya existían en Inglaterra o Francia.

Sin embargo, fue gracias a aquella imprenta que comenzó esta nueva etapa del periodismo local y se habían podido publicar los primeros periódicos impresos de la Ciudad como El Telégrafo Mercantil, de Cabello y Mesa; el Semanario de Agricultura y Comercio, de Vieytes o el Correo de Comercio, de Manuel Belgrano.

Un oficio en crisis y precarizado

En la actualidad el periodismo atraviesa una crisis que tiene múltiples dimensiones. Por arriba, existe una degradación y un desprestigio de la profesión que no se explica solo por los ataques que reciben aquellos que investigan e informan incomodando a un poder cada vez más autoritario. El rol que cumplen una gran cantidad de presentadores, conductores de televisión y comunicadores convertidos en voceros gubernamentales socava aún más la confianza del público a la hora de informarse.

Pero en la práctica, por abajo, aparecen todo tipo de problemas. La línea editorial de los medios, los dictados de los algoritmos y las redes sociales, la información fast-food, la multiplicidad de tareas (llamarlo multitasking no lo vuelve cool), la falta de tiempos y recursos para investigar (objetivo básico del periodismo bien entendido), la centralización (o porteñización) informativa. La enumeración es mucho más larga: los magros ingresos de los trabajadores de prensa obligan a la gran mayoría a tener una cantidad de empleos que dificulta cualquier trabajo en profundidad; por otro lado, durante las últimas décadas, los medios tradicionales fueron perdiendo espacio frente a los nuevos formatos y plataformas de entretenimiento (hoy vivimos el boom de los canales de streaming) que tienen poco que ver con el periodismo.

Con la retracción de la prensa gráfica, principalmente, se perdieron muchos puestos laborales y con ello la propia capacidad para cumplir con las metas más elementales del periodismo (investigar e informar). Todo este cuadro se puede leer como un encadenamiento o círculo vicioso de degradación-precarización que atenta contra la práctica periodística y su calidad.

El periodismo es un oficio demasiado importante -y su origen argentino da cuenta de eso, además del testimonio de tantos que hasta han dejado la vida en ello- como para no reivindicarlo ante quienes, en su nombre, defienden intereses propios y ajenos.

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