La obra de teatro ambiental Q’umir se presentó ante niños y niñas de la escuela primaria de Piamonte.

Este jueves, en la sala Kumelén de Piamonte, se presentó Q’umir, una obra de teatro ambiental que invita a niños y niñas a jugar y reflexionar sobre el cuidado del planeta. La función estuvo dirigida a alumnos de la escuela primaria Manuel Belgrano Nº 278.
Luego de la obra Ana Clara Pussetto, de la asociación civil Los Molinos, espacio desde el que surgió el proyecto, agradeció a la escuela primaria de Piamonte por convocar a la actividad educativa.
En diálogo con medios locales, Pussetto contó que el proyecto surgió el año pasado en el marco del programa “Instituciones Verdes”, del Consorcio para la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU), cuando Horacio “Chino” Galarza participó en representación de Los Molinos e hizo esta obra de teatro, como trabajo final de la capacitación, para presentar en las escuelas. Por eso este año, en el marco de la participación en el programa Santa Fe Sostenible, del Ministerio de Ambiente, comenzaron a hacer las presentaciones en las instituciones educativas de la región.
“Hoy estamos en Piamonte, turno mañana y una presentación turno tarde también. Vamos a estar el jueves que viene en María Susana; después nuevamente para otras escuelas de San Jorge. Y esa es la idea de Los Molinos, ir llevando la obra a todas las escuelas que la requieran, para llevar lo que es toda la parte ambiental a las distintas localidades”, explicó Pussetto.
Teatro por el ambiente
A su turno, Horacio Galarza dio detalles de la obra que protagoniza. “Es un viajero del tiempo, un maestro al que envían a este tiempo para tratar de brindar información, pero también llevarse información para su tiempo y mejorar la relación con el ambiente y poner atención en los residuos que generamos, sobre todo en los residuos cotidianos”, sintetizó el docente y actor.

“Ahí está una de las claves, que es separar, hacer compostaje para que se reduzca todo lo que generamos como residuos y después termine siendo contaminación. Así que este viajero del tiempo viene y juega un poco con los chicos, los hace participar, les deja algunos datos y, bueno, después tiene que volverse. Se tiene que volver y ahí trata de dejarle un mensaje o un cierre y se vuelve a su tiempo”, completó.
Galarza ahondó en el momento en el que surgió la idea. “Nosotros participamos de Instituciones Verdes, fueron capacitaciones virtuales y presenciales que hacíamos por todo el departamento, con el Girsu, y fuimos viendo distintas problemáticas: el cuidado del agua, del suelo, los residuos, muchas más. Pero a la obra no queríamos hacerla tan extensa para la atención de los chicos, sobre todo, y para no cargarlo de información, pero la realidad es que hay mucho más por hablar”. Según contó, la culminación del proyecto requería presentar una propuesta para realizar: “En el caso mío, en Los Molinos, soy profe de teatro, y armamos este espectáculo, esta obra teatral, que en su mayoría yo iba tirando la idea, pero quien desarrolló el guión es Meli Cosatto”.
“El mensaje es que prestemos atención a lo que consumimos. Si nosotros somos responsables con lo que consumimos, vamos a estar generando menos desperdicios, menos residuos. Y a la vez, si los separamos, esos residuos pueden ser vueltos a utilizar, reutilizar o reciclar. Nosotros empezamos a usar —que en el curso hacían un poco hincapié— de revalorar. O sea, el residuo empieza a tener un valor: podemos comercializarlo. Entonces ese residuo vuelve, lo vuelven a trabajar, lo procesan y vuelve y no seguimos generando más y más y más y más. Creo que está ahí, parece pequeñito, pero es una de las claves. Lo tenemos que hacer entre todos. Es así, cada uno desde su lugar. Y cuando se hace en comunidad, ahí el resultado es multiplicador”, valoró.
La obra finaliza con una reflexión que contiene un mensaje muy potente: “Nosotros somos parte y no dueños de la Tierra”. Respecto de la devolución del público, el profesor de teatro contó que cierra con preguntas para los niños y niñas: “Se quedan también con Sacha, que es el arbolito que es parte de esta obra, como que los atrae. Y en esta parte, lo que yo digo, que no somos dueños de la Tierra —que me parece que es así, no somos dueños, estamos de paso, cada uno de nosotros acá—, es como que se quedan ahí pensando. Decir, wow, porque todos decimos, bueno, me compré un terreno, tengo tal cosa, pero eso tiene un tiempo, porque nos vamos y queda otro, y después viene otro. Entonces, ¿qué tan dueños somos? Y ahí a veces se dan algunas charlas y muchos hablamos, ‘bueno, pero viste que se está buscando vida, que podemos habitar Marte’, y yo digo, sí, es real, pero la realidad es que en este tiempo que nosotros estamos acá, es nuestro único lugar. Entonces, si no lo cuidamos nosotros, ¿quién lo va a cuidar? Y empiezo yo, empiezo con mi familia, con el que está al lado, con el vecino, así, sumando voluntades”.

Una de las vicedirectoras de la escuela primaria, Silvina Maistrello, contó que ni bien se enteraron de la charla, y en el medio de los festejos por los 135 años de la institución, decidieron convocarlos y hacerlo por los alumnos y alumnas. “La verdad que me emocionó muchísimo, una obra espectacular, magnífica. Creo que a los chicos les quedó mucho, porque pudieron interactuar, que es lo que más les gusta. Y siempre, como dice el Chino, vamos sumando, de a poquitos o de a muchos, pero creo que se va sumando y podemos hacer algo por este medio ambiente que tanto nos necesita. Así que para nosotros, más que agradecimiento y felicitaciones para Los Molinos, para la sala Kumelén, por habernos prestado las instalaciones, y por supuesto, el personaje principal”, dijo a la salida de la primera función del día.
Para cerrar, Galarza destacó el trabajo colectivo: “Si bien yo subo arriba al escenario y me ven a mí, y ven a una persona ahí arriba haciendo un personaje, esto no se podría hacer si no es en equipo. Como decía antes, Meli, compañera de vida, sosteniendo, empujando, escribiendo el guión, ordenando mis ideas; y después Ana, Magui, Rodri, los chicos de Los Molinos, con la técnica, con la edición. Hay un montón de cosas que muchas veces pasan, que no se ve, se ve a uno, pero en realidad hay todo un equipo”.

El protagonista de Q’umir remarcó que si bien es la cara visible durante los 25 minutos que dura la función, el proceso del curso, de las capacitaciones y la preparación de la obra duró casi un año.
“También comprender que es un trabajo en equipo, como hablábamos antes, sumando voluntades. Con un objetivo en común, las cosas se logran. Y ahora disfrutando de esto, de compartir ese ida y vuelta con el público, con los niños, con las seños, a las cuales también le pregunto si falta algo, si hay que sacar algo, si quedó muy larga, muy corta, porque uno va haciendo, presenta un producto y después lo puede ir transformando. Así que agradecer enormemente siempre a todas las personas que están ahí, cuando surge una idea, se transforman el proyecto y cuando lo realizamos, felicidad enorme”, reiteró Galarza para cerrar el diálogo con los medios.


