“Fue un montón todo lo que recibimos y estamos muy contentos”

El Grupo de Jóvenes “San Benito”, de la localidad bonaerense de Bella Vista, visitó Piamonte. Desde el contingente de más de cien chicos y chicas agredecieron la hospitalidad y el acompañamiento.
Guillermo Gini, Simón Pérez Millán, Rodrigo Rivanegra y Margarita Méndez.

Este lunes, un contingente de más de cien jóvenes católicos llegó a Piamonte para llevar adelante una misión que finalizó este viernes. Se trata del Grupo de Jóvenes “San Benito”, de la Parroquia Inmaculada Concepción de la localidad bonaerense Bella Vista.

“Es una parroquia relativamente nueva, tiene 20 años de existencia, y una conformación bastante particular, porque es una zona nueva de Bella Vista, hay muchas familias jóvenes, con muchos hijos, entonces el grupo juvenil es bastante numeroso”, repasó el párroco Rodrigo Rivanegra en diálogo con este medio.

Rivanegra contó que las misiones se realizan siempre en esta época del año y es la primera vez que visitaron a esta región. “Comenzamos yendo a misionar a Puerto Santa Cruz, en la provincia de Santa Cruz, y allí fuimos tres o cuatro años. Antes habíamos hecho alguna misión más corta y un poquito más acotada en algunos pueblos de la provincia de Buenos Aires. A medida que fue creciendo el grupo y se fue consolidando, o sea, fueron creciendo los chicos, fue creciendo el grupo y se fue consolidando”, recordó el cura, y continuó: “Después de esas misiones en Puerto Santa Cruz empezamos a venir a la arquidiócesis de Santa Fe, ya que el arzobispo, monseñor Fenoy, fue nuestro obispo antes de venir para acá (Bella Vista está ubicada dentro de la diócesis de San Miguel y el actual obispo de Santa Fe era el obispo de San Miguel, y por eso después nos invitó a venir aquí)”.

El grupo comenzó sus misiones en el territorio provincial en la localidad de Emilia, a unos 70 kilómetros al norte de la ciudad de Santa Fe, y luego de tres años continuaron otros dos en el pueblo vecino de Cayastacito. Luego de visitar esa parte del norte santafesino, junto al monseñor Sergio Fenoy comenzaron a ver otros posibles lugares de misión: las opciones eran Piamonte, María Susana y Cañada Rosquín. “Después de un proceso de oración y discernimiento, sorteamos y salieron elegidos María Susana y Piamonte”, contó Rivanegra.

“La gente es mucho más abierta, más receptiva”

El grupo de jóvenes comenzó por el sur del país y siguió por el norte provincial antes de llegar a esta región del centro santafesino. Consultados por la recepción en esos destinos, Rivanegra señaló  que “cada lugar tiene sus características muy propias y muy acomodadas al clima”.

“En el sur nos recibían muy bien, con mucha alegría, pero era una misión medio de puertas adentro, por más que íbamos en verano: hacía frío, entonces todo el mundo está dentro de su casa, hay viento, nos costaba salir mucho, pero era una muy linda experiencia. La parroquia tiene como sede un antiguo colegio salesiano, entonces teníamos mucho espacio dentro de la parroquia y se podían hacer muchas cosas dentro de la escuela salesiana. Ahí, por ejemplo, teníamos una dinámica distinta, porque nos levantábamos, rezábamos, salíamos a misionar, volvíamos para almorzar, había que salir de vuelta, porque si no más tarde hacía demasiado frío, la misa tenía que ser más temprano. El hecho de estar muy comunicados con la iglesia parroquial permitía que todas las noches, durante todo el tiempo de la misión, los jóvenes hacían adoración eucarística, rezaban toda la noche por la misión”, contó. 

Por otro lado, agregó: “Después, cuando vinimos para Santa Fe, nos encontramos con la pampa gringa, que es distinta, tiene otras características, la gente es mucho más abierta, más receptiva, se toma la vida pareciera con un poco más de calma y más al aire libre, a pesar del verano. Entonces, a la mañana encontrás gente dando vueltas, después desde el mediodía hasta las cinco o seis de la tarde, es el desierto del Sahara. Y después toda la vida que empieza más tarde. Eso a nosotros nos hizo cambiar un poco el sistema de misión, entonces a la mañana hacemos trabajo apostólico, visitamos hogares de ancianos o ancianos en sus casas, y con niños, y a la tarde salimos a misionar; lo que antes hacíamos a la mañana lo hacemos a la tarde, después de la siesta”.

El grupo de jóvenes en el Parque Comunal “Próspero Gómez”.

Como señalaron, el grupo visitó tanto el Hogar de Ancianos como la colonia de vacaciones de niños y niñas. “Yo estuve más en la parte del apostolado de niños —a diferencia de Emilia, que estuve más con los ancianos—, y son apostolados que, a pesar de que son dos extremos, son bastante similares a la vez. Porque el anciano muchas veces, en su etapa final de la vida, se termina transformando en un niño y las actividades, aunque no son las mismas, porque con los chicos jugamos corriendo, hasta bailando y cantando, con los ancianos también jugamos. El apostolado de ancianos es mucha escucha y alegría: tocamos la guitarra, les encanta cantar también, y jugar. Y con los chicos lo mismo, pero más activamente, más parados que sentados, digamos. Pero muy lindo vivirlo, acá está lleno de chicos”, contó Simón Pérez Millán, uno de los jefes del grupo, y remarcó: “La colonia nos abrió un espacio también, ellos tenían la mañana ocupada y durante estos tres días nos invitaron a estar con ellos y que sus chicos puedan participar de nuestras actividades. Así que agradecidos con la colonia, que aparte tenían un cronograma bastante estricto, y fueron muy generosos también con su tiempo y con sus chicos”.

“A veces uno piensa que la misión es ir y hablar, y predicar, y si bien hay momento para eso, después también lo que es más importante, y que enriquece a las dos partes, es el compartir con el otro, el sentarte a escuchar a un abuelo, que por la razón que sea, está o en un hogar, o está en su casa solo, o jugar con un chico, y son experiencias que enriquecen a las dos partes. Enriquece al misionado y al misionero, compartir ese momento de alegría, o ver en la cara del chico la felicidad, o la admiración, porque encontró un chupetín adentro de un cono de papel, una cosa que uno desde el adulto dice, qué tontería, y sin embargo, eso le despierta asombro y alegría, ilusión. Y lo mismo con el anciano, con el que te sentás y escuchás las historias de vida, los recuerdos, las aventuras o le revivís momentos de alegría, no sé, tocando una zamba o una chacarera, incluso en lo litúrgico. Y eso no es solamente la emotividad sensible, eso tiene que ver también con la emoción espiritual, con el recuerdo de la fe vivida en un determinado momento, en un determinado espacio, lo que se aprendió, lo que se mamó en la formación, en la familia. Y eso revive y rejuvenece y reanima, sobre todo en el momento cuando estás, por más que estás muy bien, estás en el camino, en la recta final, sabés que esto se termina pronto, nos encontramos con el paso a la vida definitiva. Pero hace mucho bien, hace mucho bien espiritual”, sumó el párroco que acompañó a los jóvenes.

“Fue un montón todo lo que recibimos y estamos muy contentos”

“La verdad que la gente cómo nos recibió ya desde un principio, antes de llegar acá preguntándonos qué necesitábamos. Todos muy emocionados, muy contentos porque íbamos a venir nosotros y la verdad cómo nos recibieron cuando llegamos, cuando estábamos acá, las donaciones que recibimos. La verdad que fue un montón todo lo que recibimos y estamos muy contentos”, enfatizó Margarita Méndez, jefa del grupo.

Pérez Millán también agradeció: “Mucha generosidad, mucha entrega de tiempo, de cabeza, porque para recibir a 100 personas hay que tener cabeza y tiempo para organizarlo y mucha confianza en nosotros también desde el primer momento. Muy hospitalarios. Fue, la verdad, un lujo”.

Misión y formación

El grupo de jóvenes, por “contrato misionero”, visita tres años cada parroquia, por lo que ya están proyectando la próxima visita para el año próximo. Antes de eso, realizan balances y actividades para financiar los viajes.

“Después de cada evento de grupo nos juntamos, hacemos un balance de cómo funcionó, por ahí más la organización y todo eso, cómo repercute la organización en todos los jóvenes del grupo, los misioneros… Durante el año, además, los que organizamos nos juntamos una vez por mes a ir haciendo un balance de lo que fue ese mes y cómo va a ser el próximo y es muy importante para nosotros ir corrigiéndonos y también, bueno, ver todo lo que nos llevamos, lo que recibimos”, detalló Méndez.

Durante el año, según contaron, el grupo se dedica mayormente a la formación. “Cada domingo, después de la misa de las 7 de la tarde, tenemos un rato de oración en la liturgia de las horas y de adoración eucarística, para después pasar a alguna charla de formación. Generalmente esas charlas son de gente de la parroquia que tiene algo para ofrecer y nos vamos formando en la fe, en la doctrina, en la filosofía católica para crecer espiritualmente e intelectualmente también. Cada tanto, eso cambia cuando hacemos, por ejemplo, juegos entre nosotros, o choripanes, pero eso es lo general”, contó Pérez Millán.

“Tenemos después dos actividades principales, más allá de la misión, durante el año, que para mí la más importante es el encuentro juvenil de Semana Santa, que es como una especie de retiro, convivencia, que nos juntamos desde el Jueves Santo hasta el sábado, digamos, la vigilia pascual; también tenemos charlas de formación, hacemos lectura espiritual, mucha oración y damos una mano en las celebraciones litúrgicas de la parroquia. Y la otra actividad más importante es la peña folclórica, que está muy en conexión con la misión, porque la peña últimamente ha crecido mucho, nos ha ido muy bien. A la noche hacemos una parrilla, una barra y viene un grupo folclórico”, agregó el jefe del grupo, y explicó: “Entonces el fin de la peña es el recaudo de fondos para las misiones, pero también es un momento importante en la vida parroquial, porque es un evento que congrega a las familias, no solamente a los jóvenes, congrega a familias, congrega a abuelos y hasta bisnietos”.

“Es un encuentro de comunidad parroquial. Y todos los que van, van con la conciencia de que ayudamos a los jóvenes a que vayan a misionar, porque la misión es más que ir a hablar de Jesús a otros. Es una experiencia de compartir la fe entre todos. Y a nosotros también nos hace bien el hecho de ver otros estilos de vida, otros modos de vida, otras dificultades en la vida. Digo, uno a veces se ahoga en un vaso de agua y después ves que hay vasos más grandes. Y la peña se hace con esa clara conciencia. Esto ayuda a los jóvenes a tener una experiencia importante en sus vidas. A lo mejor vienen una sola vez, a lo mejor vienen durante diez años, pero la experiencia como tal es muy importante. Marca mucho”, concluyó el párroco.

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