Hace 77 años se proclamaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos en París. Más de tres décadas más tarde, en 1983, se restauraba la democracia en Argentina.

El 10 de diciembre se celebra el Día de los Derechos Humanos en todo el mundo y el de la restauración democrática en Argentina. El primero, se conmemora a nivel global con motivo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH). Este documento histórico consagra los derechos inalienables que toda persona tiene como ser humano, “independientemente de su raza, color, religión, sexo, idioma, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.
La Declaración fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948 y establece, por primera vez, los derechos humanos fundamentales que deben protegerse en el mundo entero. Disponible en más de 577 lenguas, desde el abjasio hasta el zulú, es el documento más traducido en todo el mundo.
“Día de la restauración de la Democracia”
El Día de la Restauración de la Democracia es la efeméride que conmemora la inauguración del período de estabilidad institucional en Argentina, que permitió “extender, en un marco de libertad, nuestra cultura en todas sus manifestaciones” y “recuperar parte del prestigio perdido, en manos de las pasadas dictaduras militares”. Así se identifica al advenimiento del primer gobierno elegido por el voto ciudadano tras la más luctuosa de las dictaduras argentinas el 10 de diciembre de 1983.
Tras la derrota en la guerra de Malvinas, la ilusión por la recuperación de la institucionalidad política fue creciendo con nitidez entre la ciudadanía. Este clima de época se reflejó en los discursos de campaña de los candidatos partidarios, una vez conocida la apertura electoral. Raúl Alfonsín, el candidato presidencial de la UCR, llegó a afirmar que “con democracia se come, se cura y se educa” e incentivaba a la población al terminar sus discursos con el rezo laico del preámbulo. La exteriorización de la efervescencia ciudadana en demanda de la democratización se observó también en las calles, donde la gente se manifestaba espontáneamente. También la movilización fue encauzada por los partidos políticos, quienes venían exigiendo desde 1981 el retorno del régimen constitucional y acentuaron esa posición ante el derrumbe sucesivo a la derrota bélica de Malvinas. Pero la recuperación democrática fue también un punto de llegada de las luchas de otros actores, entre ellos, los organismos de Derechos Humanos, y el movimiento obrero organizado.

Las elecciones del 30 de octubre de 1983 exhibieron la participación activa de la ciudadanía y el vigor de los dos principales partidos políticos: la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista, que juntos reunieron el 91% de preferencias del electorado. En el discurso de asunción, Alfonsín expresaba ante la Asamblea legislativa: “Hoy enfrentamos dos desafíos: gobernar la Nación en la crisis y consolidar definitivamente la forma de gobierno que asegure el derecho del pueblo a decidir su destino”.
El retorno democrático fue celebrado en todo el país. Nada garantizaba, sin embargo, que la estabilidad institucional se hubiera alcanzado definitivamente. Ese primer gobierno estuvo plagado por las tensiones y conflictos que plantearon el movimiento obrero cuando se intentó modificar el modelo de organización sindical peronista, las FFAA que intentaban reposicionarse favorablemente en la nueva coyuntura, y algunas corporaciones empresariales y medios de prensa que jaquearon la estabilidad del primer gobierno democrático.
También el gobierno encabezado por Raúl Alfonsín reconoció el crecimiento de la pobreza como problema estructural de la sociedad argentina, dando lugar a políticas sociales innovadoras como el P.A.N (Plan Alimentario Nacional). A ello se sumó el complejo manejo de la inflación, que requirió de cuadros técnicos especializados para organizar un plan económico -llamado Plan Austral- que permitiera doblegarla. Los resultados fueron alentadores durante 1985 y 1986, pero desembocaron en la experiencia extrema de la hiperinflación, que terminó con la ilusión con el primer gobierno posdictatorial, pero no con el sistema democrático.
“El 10 de diciembre de 1983 cierra un ciclo en la vida política argentina que se caracterizó por la alternancia entre gobiernos militares de escasa legitimidad de origen y gobiernos elegidos por el voto popular, que en algunos casos vetaron la participación de actores claves del juego político. Esa coyuntura de 1983 fue el inicio de la construcción de un consenso en torno a que la democracia era la mejor herramienta para procesar crisis políticas, sociales y económicas, consenso que perdura hasta nuestros días”, sintetizaron las historiadoras Marcela Ferrari y Virginia Mellado.
Fuentes: Naciones Unidas y Asociación Argentina de investigadores en Historia.


