En Santa Fe, las cifras superan ampliamente la cantidad de homicidios dolosos y las muertes en accidentes de tránsito. “Hay una dimensión clínica innegable, pero también influyen la pobreza, el aislamiento, la discriminación, el acceso a medios letales y la forma en que la sociedad habla sobre este tema”, resume un especialista.

Durante décadas, los accidentes de tránsito fueron la principal causa de muerte entre adolescentes y jóvenes adultos en Argentina. Sin embargo, esa situación cambió después de la pandemia.
Desde 2022, el suicidio es la principal causa de muerte entre las personas de 15 a 24 años y, en 2024, volvió a ocupar también el primer lugar entre quienes tienen entre 25 y 34 años, algo que no ocurría desde hacía casi 20 años, de acuerdo a estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación.

Los datos fueron analizados por Chequeado y, en un artículo de Florencia Ballarino e Ignacio Ferreiro, afirman que se trata de un fenómeno multicausal en el que interactúan factores del orden individual, familiar, social y comunitario, y que -destacan los especialistas- puede prevenirse en la mayoría de los casos.
Qué dicen los datos sobre Argentina y la región
Según el último informe de Estadísticas Vitales de la cartera sanitaria, en 2024 se registraron 3.614 suicidios (787 en adolescentes y 957 en jóvenes adultos), lo que equivale a 7,8 muertes cada 100 mil habitantes. La cifra muestra un aumento respecto de 2021, cuando la tasa había descendido a 6,3 cada 100 mil habitantes, el valor más bajo desde el inicio de la serie estadística en 2005.
El fenómeno presenta, además, importantes diferencias según el sexo. En 2024 se registraron 2.892 suicidios de varones y 720 de mujeres. En otras palabras, 4 de cada 5 personas que murieron por suicidio fueron varones.
Aunque los registros oficiales muestran diferencias según la fuente utilizada -el Ministerio de Seguridad de la Nación informó 4.249 casos en 2024 y 5.209 en 2025 a partir de los registros policiales-, los especialistas coinciden en que ambas series reflejan una misma tendencia: los casos de suicidio vienen creciendo en Argentina y también en la región.
Según un estudio publicado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en The Lancet Regional Health, la mortalidad por suicidio entre personas de 10 a 24 años en las Américas aumentó de 5,7 a 7,8 muertes cada 100 mil habitantes entre 2000 y 2021. Desde 2000, la tasa de mortalidad por suicidio en la población general aumentó en más de un 17%, lo que convierte a las Américas en la única región del mundo donde esta tendencia sigue en alza.
El preocupante cuadro de Santa Fe
Durante 2025, en Santa Fe se registraron 964 muertes violentas, de las cuales 448 corresponden a suicidios: nada menos que el 46,5% del total. La cifra supera ampliamente la cantidad de homicidios dolosos registrados en el mismo período (210, el 21,8% del total) y las muertes en accidentes de tránsito (306, el 31,7% del total).

Los datos corresponden al Informe de Gestión 2025 del Ministerio Público de la Acusación (MPA) y es la primera vez que la provincia publica estadísticas oficiales sobre suicidios.
El informe del MPA expone que la tasa de suicidios es comparativamente alta en la provincia. Asciende a 12,7 cada 100 mil habitantes. La comparación entre jurisdicciones y con la media del país, de todos modos, está sujeta a que la metodología estadística y el flujo de información sobre las muertes auto producidas sea homogénea.
“Si incorporamos el indicador de tasas para lectura comparada, se observa que los 210 homicidios dolosos equivalen a 5,9 por 100 mil habitantes, las 306 muertes por siniestros viales a 8,7 por 100 mil habitantes y los 448 suicidios equivalen a 12,7 por 100 mil habitantes”, señala el informe del MPA.
No existe una única causa
“El suicidio es un fenómeno multicausal y en ese sentido es un problema tanto de salud como un problema social”, explicó Matías Irarrázaval, asesor regional de Salud Mental y Consumo de Sustancias de la OPS.
Entre los factores con mayor evidencia científica que inciden en este fenómeno se encuentra la amplia brecha en el acceso a la atención en salud mental. “En la región, de 10 personas que sufren un problema de salud mental solo 2 están recibiendo un tratamiento. Eso evidentemente hace que muchas veces se vayan empeorando los problemas de salud mental y sabemos que el suicidio se asocia a depresión, consumo de sustancias, trastorno de personalidad, trastorno del ánimo en general y otro problemas”, sostuvo.
Además, influye el impacto tardío de la pandemia de COVID-19 -que produjo un aumento de un 30% en los trastornos depresivos y los trastornos por ansiedad- el aislamiento social, y también algunos determinantes sociales, como la precariedad económica y la falta de acceso a servicios de salud mental para jóvenes.

El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) elabora informes sobre el “malestar psicológico”. La conceptualización sobre el estado actual de la salud mental a nivel global y, en particular en contextos como el argentino, “no pueden dejar de tener en cuenta a las condiciones estructurales de vida de las personas”, remarcan en su último documento. “Enfoques contemporáneos destacan el papel de la pobreza, la precariedad y las desigualdades persistentes como factores clave que erosionan el bienestar subjetivo y amplifican el malestar psicológico. El sufrimiento psíquico se configura entonces como una expresión de procesos sociales de exclusión, exigiendo abordajes de estudio integrales”, advierte.

La OMS también sostiene que existen determinantes sociales –entendidos como “la situación en que la población crece, vive, trabaja y envejece incluido el conjunto más amplio de fuerzas y sistemas que influyen sobre las condiciones de la vida cotidiana”– que inciden sobre la salud. Entre dichos determinantes se encuentran las condiciones económico-materiales, como el ingreso monetario, la escolarización, el acceso a los servicios básicos, el empleo, la vivienda, el medio ambiente, entre otras cuestiones que hacen al entorno en que se desenvuelve la vida de las personas, los cuales son producto de la distribución de los recursos, tanto a nivel mundial como nivel nacional y local.

La prevención va mucho más allá del sistema de salud
Los especialistas sostienen que, precisamente porque el suicidio tiene múltiples causas, requiere de un abordaje interdisciplinario. La evidencia muestra que las estrategias más efectivas combinan políticas sanitarias a largo plazo con intervenciones educativas, comunitarias y de comunicación responsable.
“Prevenir el suicidio exige una respuesta multisectorial, no solamente del sector salud”, señaló Irarrázaval. Y agregó: “Hay una dimensión clínica innegable, porque muchos casos se asocian con trastornos mentales que requieren identificación temprana y tratamiento. Pero también influyen la pobreza, el aislamiento, la discriminación, el acceso a medios letales y la forma en que la sociedad habla sobre este tema”.
La estrategia “Vivir la Vida”, impulsada por la OMS y la OPS, identifica cuatro grandes líneas de acción con evidencia científica para reducir las muertes por suicidio: restringir el acceso a medios letales cuando corresponda; fortalecer la atención de la salud mental -especialmente en el primer nivel de atención-; promover una cobertura responsable en los medios de comunicación; y desarrollar sistemas de vigilancia que permitan identificar poblaciones y territorios con mayor riesgo.
La prevención no depende únicamente de los profesionales en salud mental. “Muchas veces la sociedad salva más vidas que el profesional en el consultorio”, explicó el psiquiatra Demián Rodante, vicepresidente del Capítulo de Suicidología de Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA). Y agregó: “Tenemos que enseñarles a una mamá, a un compañero de escuela, a un primo o a un docente cómo mantener una conversación con alguien que está atravesando un momento de mucho sufrimiento”.
En ese sentido, el especialista señalo la importancia de incorporar programas de prevención del suicidio y manejo de crisis emocionales a la curricula escolar. “Las escuelas deberían enseñar habilidades de regulación emocional y cómo acompañar a alguien que está atravesando una crisis. No es solamente un problema de salud; es una herramienta para la vida”, afirmó a Chequeado.
Experiencias que muestran que el suicidio puede prevenirse
En los últimos años distintos países implementaron estrategias nacionales de prevención que lograron reducir significativamente las tasas de suicidio.
Chile, por ejemplo, consiguió disminuir hasta un 30% la tasa de suicidios en hombres durante 8 años de seguimiento mediante programas en escuelas, fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica y mejoras en el acceso a la atención de salud mental.
Según la OPS, los países que desarrollan estrategias sostenidas e integrales pueden reducir las tasas de suicidio en alrededor de un 20%. “A pesar de que el suicidio es un fenómeno complejo y multifactorial y que hay que intervenir de forma multidisiciplinaria, se puede prevenir a nivel poblacional. La evidencia demuestra que cuando los países sostienen políticas integrales en el tiempo logran reducir las muertes”.
A nivel individual y familiar, el especialista subrayó la necesidad de hablar abiertamente sobre salud mental y no minimizar las señales de angustia. “Tenemos que tratar de acompañar, también revisar si es que es necesario la búsqueda de ayuda profesional sin estigmatizar y, ante una crisis, contactar las líneas de ayuda”, explicó.
Rodante agregó un mensaje dirigido a quienes atraviesan un momento de sufrimiento: “Existen intervenciones y tratamientos que han demostrado funcionar. Las personas pueden mejorar y construir una vida valiosa. Lo importante es que reciban la ayuda adecuada a tiempo”.
Líneas de acompañamiento, apoyo y orientación en salud mental
Nación
Hospital Nacional en Red “Laura Bonaparte” (especializado en salud mental y adicciones)
Teléfono: 0800-999-0091, las 24 horas del día los 365 días del año.
Centro de atención al suicida
Desde todo el país: (011) 5275-1135.
Santa Fe
Línea gratuita: 107
Para consultas de Salud Mental, se sugiere acercarse al Centro de Salud más cercano a su domicilio donde se podrá recibir atención y asesoramiento si requiere derivación a otro efector. En una situación crítica propia o de alguien cercano se puede acudir a la Guardia General de un Hospital, o llamar a la línea 107, que depende de la Secretaría de Logística Integrada y Articulación de Redes (SeLIAR).
Signos de alerta
Algunas de las “señales de alarma” entre los y las adolescentes a las que estar atentos y pedir ayuda:
Tristeza persistente y constante.
Falta de concentración y/o dificultades graves en la escolarización.
Dificultades en el sueño y/o alimentación, como insomnio o hipersomnia (cuando la persona está excesivamente somnolienta), inapetencia o voracidad alimentaria.
Aislamiento y retracción continua. Escasa o nula comunicación con convivientes.
Desconexión del grupo de pares.
Pérdida de interés en actividades que antes le resultaban placenteras.
Autoagresión.


