El escritor y ex jugador de fútbol desarrolló una charla-debate acerca del arte, la cultura y el deporte en función de las infancias y adolescencias.

“Escribe como quieras, usa los ritmos que te salgan, prueba instrumentos diversos, siéntate en el piano, destruye la métrica, grita en vez de cantar, sopla la guitarra y toca la corneta. Odia las matemáticas y ama los remolinos. La creación es un pájaro sin plan de vuelo, que jamás volará en línea recta”. Con este breve texto de Violeta Parra, Kurt Lutman cerró la charla-conversatorio, que tuvo lugar ayer en Sala Kumelén, con el que sintetizó un recorrido de construcciones sociales, cuestionamientos y reflexiones hacia un sistema de presiones y éxito a corto plazo.
Durante el encuentro, Lutman abordó el arte, la cultura y el deporte en relación a las infancias y adolescencias ─y la función social que tienen estas áreas─ como eje troncal. En este sentido, se refirió a “ciertas verdades muy instaladas”. “¿Qué tan triunfador soy si solamente tengo que salir campeón? Y si no estoy ahí arriba, en realidad, estoy tocando la palabra fracaso, en cualquier tipo de deporte, en cualquier tipo de área. Entonces, estamos caminando bajo parámetros que son crueles”, amplió y reflexionó.
Para ejemplificar esta construcción social, Lutman expuso: “Un niño que tiene cinco, seis, siete, doce, trece o 14 años para poder jugar a algo tiene que demostrarnos a los adultos que es valioso, incluso tiene que sobresalir por el resto de los niños que se fueron a probar para poder ser elegido”.
Esta situación actual le dio el pie para repensar la función que tenía el “potrero” en otras generaciones: la lógica que operaba en ese juego, el tiempo, la prueba y el error, y los valores que predominaban en un deporte más desestructurado, sin una dirección técnica y con más autonomía por parte del niño.

Lo que Lutman cuestiona de los métodos actuales tiene que ver con esa ausencia de errores y la poca tolerancia a perder. “Probamos niños para ver si juegan bien o qué tan bien juegan, porque lo único que estamos buscando es ganar. Entonces, en ese contexto, padecen. Los pibes padecen”, reflexionó, y agregó: “No solamente los que son expulsados porque no dan la talla, sino los que quedan adentro porque tienen que empezar a estar a la altura, altísima para las edades que tienen”.
En ese marco, el ex jugador de fútbol desarrolló un esquema predominante en el que prima el triunfo y están por debajo el disfrute y el aprendizaje. Sin embargo, el ex jugador de fútbol advirtió que hay otras formas de encarar el deporte y la competencia: “Hay todo un aprendizaje que contempla el error. De hecho, el error es ese el combustible que va a hacer que yo sortee, aprenda, me desafíe”, fundamentó.
A partir de este planteo desplegó un nuevo diagrama en el que prevalece el desarrollo y, a su vez, se desprenden, a la misma altura, otros objetivos que fueron puestos en común entre Lutman y el público presente.
La charla avanzó de manera dinámica y didáctica, con intervenciones de docentes, profesionales de la salud, deportistas, padres y público en general. Lutman apuntó a un espacio de reflexión, de búsqueda de respuestas colectivas ante un sistema que propone la competencia de individualidades. En este sentido, no señaló responsabilidades sino que dio cuenta de una espiral de presiones que pierde el foco de lo humano, con las contradicciones que ello implica y con la esencia propia que tiene cada niño o adolescente para aportar en un grupo.
¿Quién es Kurt Lutman?
Es rosarino y se formó como jugador profesional de fútbol en las inferiores del club Newells Old Boys. En 1993, integró el plantel Sub-17 de la Selección Argentina en el Mundial de Japón. A sus 24 años decidió retirarse, repentinamente, porque estaba cansando: “Yo ya estaba harto, venía desarrollando la actividad de manera sistemática desde que era muy chico y casi en formato de alta competencia”, dijo en una entrevista a TyCSports, y agregó: “Me agarró como una especie de lucidez”.
Tras dejar el fútbol profesional, Lutman publicó libros de cuentos y ensayos: “El agua y el pez, Crónicas de un fútbol fantático” (2015), “Semillas para barriletes” (2017), “Vientos que juegan con fuego” (2019), “Arco sur” (2020) y “Errando goles cantados” (2023). Además, participó de los libros “Pelota de papel” (2016) y “Pelota de papel 2” (2018) junto a otros futbolistas profesionales como Javier Mascherano, Pablo Aimar, Juan Pablo Sorín, entre otros. También, coordinó talleres en la Colonia Psiquiátrica de Oliveros, entre otras actividades vinculadas a la literatura y el arte.


