En esta nueva entrega, el profesor Mario Alba retoma este tema fundamental que dice, “nunca es suficiente recordar y ampliar para una mejor comprensión”.

Ya habíamos hablado en columnas anteriores sobre la constitución de nuestros músculos: cómo iban perdiendo volumen (sarcopenia), cómo algunas funciones perdían eficiencia y cómo abordar este asunto para que nuestra vida, a pesar de la edad, no sufriera grandes limitaciones que nos quitaran independencia a la hora de movernos.
Pero, nunca es suficiente recordar estos temas y tratar de ampliarlos para lograr una mejor comprensión, para que dejen de ser una preocupación y pasemos a ocuparnos de los mismos.
Todos sabemos que la función principal de nuestros músculos es la de movilizarnos, es decir, caminar, saltar, correr, sentarme, levantarme, elevar los brazos, agacharnos, subir escalones, vestirme, peinarme, higienizarme, cocinar, y como estos ejemplos, infinidad de movimientos que nos permiten desplazarnos, interactuar con el medio que nos rodea, relacionarnos.
Pero, también es importante saber otra función, para la que nuestros músculos están preparados, y no menos importante que la anterior: la de sostén.
¿Y sostener qué? Nuestros huesos que, a través de las articulaciones, se unen entre si y nos posibilitan movernos. ¿Qué pasaría si nuestros músculos no pudieran sostenernos? Sencillamente, no podríamos estar parados.
Entonces, si por el paso de los años voy perdiendo fuerza en mis músculos, ¿terminaré sentado? No necesariamente, pero sí, sufriré algunas consecuencias que pasaremos a comentar.
Uno de los primeros inconvenientes que tendré es que, por la debilidad de los músculos de la espalda y la fuerza de la gravedad terrestre que empuja hacia abajo, comenzaré a inclinarme, a encorvarme levemente hacia adelante, postura típica de las personas adultas mayores.
Bajamos por nuestro cuerpo y empezaremos a sentir algunos ‘dolorcitos’ en las rodillas. Eso podría darse porque, al perder fuerza, los músculos que sostienen a las rodillas, las carillas articulares, donde hacen contacto un hueso con el otro, (en este caso la tibia y el fémur) se apoyan la una con la otra con más presión de la normal, justamente por que los músculos no cumplen al 100 % la función de sostener y el “amortiguador” falla.
Otro de los problemas que podríamos tener sería la pérdida de equilibrio, tan comentada entre los adultos y adultos mayores. Cuando camino, en un momento quedo apoyado sobre una sola pierna, mientras la otra realiza el paso. Justamente, por falta de fuerza que nos sostenga, cuando todo el peso del cuerpo se mantiene por la pierna que está en apoyo (la otra esta levantada realizando el paso), siento una sensación de inestabilidad, generando inseguridad al caminar.
Como estos ejemplos, existen muchos otros y que están relacionados con la pérdida de fuerza en la musculatura de sostén. Ya hemos hablado sobre los inconvenientes que acarrea la pérdida de fuerza muscular a la hora de movernos y cómo afecta nuestra independencia en la vida.
Son inconvenientes normales de la edad y, aclaramos nuevamente, siempre y cuando no exista alguna patología o accidente que nos limite a la hora de movernos. Estas dificultados, no son para preocuparnos, sino que para ocuparnos.
El cómo y el cuándo ocuparnos, ya hemos dicho también, que en Piamonte por suerte, existe una variada gama de posibilidades no solo de profesionales para asesorarnos sobre el tema, sino que además de espacios para llevar a cabo las actividades que más nos gustan para contribuir a nuestra calidad de vida. Hasta la próxima entrega.


