El profesor Mario Alba regresa con su columna mensual. En esta oportunidad retoma una tema importante: la actividad física tiene que satisfacer nuestro cuerpo, espíritu y mente.

Seguramente, en alguna columna de este diario hemos tocado el tema que a continuación desarrollaremos. De ser así, dada la importancia del mismo, nunca está demás realizar un recordatorio. De no ser así, será importante que lo tengan en cuenta a la hora de realizar actividades físicas.
Comenzamos una etapa del año en la que, por el clima reinante con temperaturas agradables y con días que comienzan a alargarse, tenemos la necesidad de empezar a movernos. A todo esto hay que agregarle que la vestimenta es más liviana y empezamos a notar algunas cuestiones que tienen que ver con la percepción que tenemos sobre nuestro cuerpo. Es ahí, donde empiezan las preocupaciones y nuestras ganas de hacer actividad física resurgen con más fuerza y hay más motivación que nunca.
Entonces, se nos plantea el primer problema: ¿Qué hago? ¿caminata? ¿zumba? ¿tomo clases de funcional? ¿voy a clases de baile? ¿me meto en un gimnasio a hacer fuerza y musculación? ¿empiezo clases de paddle o tenis? ¿salgo a bicicletear? ¿tomo clases de pilates? ¿CrossFit? Y otras tantas actividades que podemos llegar a realizar y que en Piamonte, por suerte, tenemos a nuestra disposición.
Aquí no vamos a opinar sobre gustos. Sí, decir que cada uno deberá buscar la actividad que mejor se adapte a sus necesidades físicas, a su interés, a su motivación, a sus tiempos disponibles, etcétera. Recordando siempre que toda actividad física debe satisfacer nuestro cuerpo, nuestro espíritu y nuestra mente y que es de suma importancia realizar un chequeo médico clínico para quedarnos tranquilos.
Ahora, se nos plantea el segundo y gran problema: estuve tanto tiempo sin hacer nada y el cargo de consciencia es tan grande, la motivación es superior y el entusiasmo por comenzar me desborda, que quiero hacer en una semana lo que no hice en 8-9 o más meses del año: ERROR.
Nuestro cuerpo experimentará lo que se denomina síndrome de la adaptación, y serán tantos los dolores y las molestias musculares que a los 10 días voy a querer dejar, sino antes. Supongamos que superamos con gran estoicismo esa etapa y continuamos a todo vapor con nuestras actividades físicas. Lo que derivará, seguramente, en alguna lesión y es ahí donde concluyen todas nuestras ganas y motivaciones.
Entonces, el secreto para no caer en estas desagradables consecuencias, está en la progresión o graduación del esfuerzo. ¿Qué quiere decir esto? Que debemos realizar nuestras actividades físicas con un volumen (cantidad) y con una intensidad (grado del esfuerzo) con una graduación tal, que le permita a nuestro cuerpo ir adaptándose a las nuevas circunstancias con la menor cantidad o con cero cantidad de efectos desagradables. Porque es necesario recordar que nos estamos entrenando para sentirnos bien y no para competir por el campeonato del mundo.
¿Cómo logramos esto? Asesorándonos con gente especializada en estos temas y no hacerlo según nuestro criterio o lo que es peor aún, copiando recetas que me dio un amigo o que bajé de internet.
Es un tema que da para más. En la próxima, trataremos de explicar algunas cuestiones que tienen que ver con esto de la adaptación y como reacciona nuestro cuerpo ante esta situación.
Hasta entonces.


