El oficialismo impulsa una reforma que habilitaría a las grandes cerealeras exportadoras a vender bioetanol y biodiésel a las refinerías de naftas y gasoil locales, desplazando así a las pymes que abastecen el mercado interno. Damián Correa, gerente de ERA SA, advirtió que “se ven afectados muchísimos puestos de trabajo”.

En los próximos días, el Senado discutirá la reforma del marco regulatorio para los biocombustibles. Aunque no es el único presentado, un proyecto impulsado por el Gobierno nacional habilitaría a las grandes cerealeras globales -Cargill, Bunge, Dreyfus, AGD y Cofco- a vender bioetanol y biodiésel a las refinerías de naftas y gasoil locales, desplazando así a las pymes que abastecen el mercado interno.
Durante años, el sector funcionó bajo un régimen de equilibrio: las pymes abastecen el mercado interno y las grandes aceiteras integradas -las que además de producir biocombustibles, controlan la materia prima- colocaban su producción afuera. Ese reparto se rompió cuando Estados Unidos, la Unión Europea y Perú comenzaron a establecer barreras arancelarias y comerciales para frenar el producto argentino.
El proyecto oficial, que comenzó a debatirse en el plenario de comisiones de Minería, Energía y Combustibles y de Presupuesto y Hacienda del Senado, enfrenta a las empresas del complejo agroexportador —representado en la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro Exportador de Cereales (CIARA-CEC)— con las pymes productoras de biocombustibles, las cuales se integran en dos entidades: la Cámara Santafesina de Energías Renovables (Casfer) y la que agrupa a las fábricas de las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Entre Ríos y San Luis (CEPREB).
“Por insistencia de las grandes agroexportadoras que quieren entrar en el mercado interno, el cual hoy está de nuestro lado, se han presentado una serie de proyectos con los cuales pasamos de tener todo el mercado a perderlo completo, según uno de ellos”, sintetizó Damián Correa, gerente de Energías Renovables Argentinas (ERA SA).
El gerente de la empresa radicada en Piamonte —y una de sus industrias más importantes— explicó que, ante este escenario, desde las cámaras empresariales han analizado los proyectos y se realizaron devoluciones a los legisladores, para poder introducir modificaciones. “El temor más grande, y el quid de la cuestión, es que hay un proyecto en sí que realmente sacaría directamente de juego las pymes”, advirtió Correa sobre la iniciativa que impulsa el oficialismo, y aclaró: “Lo que se va a diferenciar mucho son las fábricas de biodiesel que son integradas de las que no son integradas. ¿Cuál es la diferencia? La integrada es la que hace su propio aceite y las no integradas somos nosotros, que procesamos un aceite de terceros. La gran mayoría de estas pymes trabajan aceites de esas fábricas. Entonces, el negocio queda todo para ellos y nosotros quedamos automáticamente afuera”.
Correa explicó que los costos de producción dejarían fuera de competencia a las plantas no integradas, que son la mayoría de las pymes de Santa Fe. Sin embargo, en línea con las cámaras del sector, la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe) y el Gobierno provincial, entre otros actores, planteó un escenario alternativo en el que puedan participar todos los sectores. “Lo más importante y fundamental sería levantar el corte del biodiesel, que hoy está al 7,5%. Si empezás a hablar desde un 10% para arriba, empieza a tener participación todo el mundo”, remarcó en diálogo con El Piamontés.
En Santa Fe se concentran la mayoría de las fábricas no integradas, que son las que impulsan una elevación del corte, aspecto que no considera el proyecto del oficialismo. Por eso, entre las modificaciones que propone la administración de Maximiliano Pullaro, en diálogo con Casfer, se contempla elevar inmediatamente el corte mínimo obligatorio al 15% y habilitar un esquema gradual hasta el 20% cuando el biodiésel local resulte más competitivo que el gasoil importado.
“Más allá de que todas las fábricas tienen una capacidad ociosa hoy, nosotros también la tenemos, pero ya llega un punto en el que no podés bajar, bajar, bajar, porque ya no es productivo”, planteó frente a un escenario que podría complicarse. “Entonces, teniendo un mínimo de un 10%, más allá de que no tendríamos la planta a fondo, sigue sirviendo la fabricación”, contrapuso.
Además, Correa señaló que el otro riesgo persiste si permiten el ingreso de las agroexportadoras sin ningún tipo de regulación y resguardo para las pymes. Las diferencias son evidentes: las plantas no integradas están dispersadas en distintas localidades, tienen grandes costos de flete y menor capacidad para adquirir insumos, entre otras cuestiones. “El costo de producción es muy distinto, entonces no podemos competir. Y el proyecto que está hoy tratándose en el Senado, el oficial, es inviable para las fábricas chicas”, alertó.
Si se aprueba el proyecto del gobierno de Javier Milei, iniciará un “Período de Transición” específico para el mercado de biodiesel que finaliza el 31 de diciembre de 2030. Durante este tiempo, la autoridad de aplicación asignará cupos de abastecimiento y fiscalizará la entrega efectiva de los volúmenes. “De prosperar, nos dan cinco años para que cerremos”, analizó Correa, y agregó: “Si nosotros no nos reinventamos con algo o hacemos otra cosa, nos lleva al cierre o a la parada de producción de biodiesel en este caso”.
En contraposición, el gerente de la fábrica que emplea a una veintena de personas en Piamonte destacó que la legislación vigente fue la que impulsó la instalación de estas industrias. “Esto se hizo con una ley muy federal, con un sistema de arraigo en el interior. Todas estas fábricas fueron formadas por la famosa Ley 26.093, que ya cumplió 15 años, y como era una ley de promoción después apareció otra nueva ley, que tenía vigencia hasta el 2030. Lo que pasa es que ahora apareció esto porque las grandes no pueden exportar, entonces, están queriendo entrar en el mercado interno”, analizó.
Desde distintos espacios señalan que la legislación que empuja Patricia Bullrich en la Cámara alta es un traje a medida de las grandes cerealeras exportadoras. Mirada que comparte Correa, al tiempo que matiza que la ley 26.093 fue pensada para la promoción de las fábricas no integradas. “Entonces, ¿qué sería lo mejor hoy? Llegar a una conciliación, parece lo más lógico. O sea, la primera ley quedó obsoleta y era una ley hecha para las no integradas. Ahora lo que se quiere hacer cambió todo. Hubo una reforma de esta ley que está hoy vigente hasta 2030, que no sirve, pero se iba a trabajar con más tiempo, con mayor análisis y ahora de golpe surge esto”, contextualizó.
“De nuestra parte, tanto lo que es Santa Fe, Entre Ríos, algo de Córdoba, La Pampa, donde están las distintas fábricas, estamos trabajando arduamente con los distintos legisladores para tener los votos, para ver si podemos seguir negociando algo y que esto no termine así de golpe. Mientras tanto, estamos trabajando 24-7 para poder ir viendo todo este tema”, contó Correa.
“Se ven afectados muchísimos puestos de trabajo”
Las cámaras empresariales del sector alertaron que este proyecto podría llevar al cierre a 25 plantas solo en Santa Fe. “No nos olvidemos que estas fábricas, al haber sido en el interior, son receptoras del aceite de las extrusoras -las cuales nos llamaron, las extrusoras y las distintas bolsas de comercio, ahora la Federación Industrial de Santa Fe-, entra a abarcar muy grande todo esto y se ve afectada mucha gente, por lo que se ven afectados muchísimos puestos de trabajo”, advirtió Correa.
“No son las 30 personas que trabajan en ERA, son todas las personas que a su vez nos venden el aceite a nosotros, los cuales al puerto no se lo podrían vender, porque están lejos o porque directamente el puerto tiene su aceite (el puerto compra muy poco aceite para producir biodiesel). Lo que hay que hacer es tratar de mantener el valor agregado que nosotros le damos al aceite. Los productores también hacen expeller y aceite crudo de soja, si funciona solamente el grande, vuelcan harina al mercado interno y el extrusor tampoco sabe qué hacer con el expeller”, concluyó para pintar el panorama que podría abrirse.


